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Al banquete generalmente van a asistir un gran
número de comensales, con los gustos más variados, e incluso
puede que alguno con restricciones médicas, como personas alérgicas
a determinados alimentos, como por ejemplo mariscos, con restricciones culturales,
o incluso religiosas, sobre el menú. Un consejo en este sentido sería
que al entregar las invitaciones de boda intentemos averiguar qué
invitados van a requerir un menú especial.
Un consejo general para confeccionar el menú de la boda es ser un
poco cauto y optar por unos platos tradicionales, pero de calidad.
En cambio, para los postres cada vez la originalidad se está poniendo
más de moda.
Tradicionalmente el banquete solía celebrarse en un salón
repleto de largas mesas para decenas y decenas de personas, pero poco
a poco se va sustituyendo por el uso de mesas redondas y más pequeñas,
para unos 10 o 12 comensales, en las cuales ningún invitado se
encuentra especialmente alejado, o en una posición de privilegio.
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Es de especial utilidad la del “plano de las mesas”, es
decir, de un pequeño esquema de las mesas y las personas asignadas
a cada una, situado normalmente a la entrada del comedor. De esta forma
evitamos fácilmente el desconcierto que suele provocar el desconocimiento
del lugar de cada uno.
Otro punto importante a evitar, y que hace tiempo era relativamente
frecuente es crear la llamada “mesa de los niños”.
Es decir, una mesa con menú especial, infantil, en la que se reunían
todos los niños y jóvenes hasta una determinada edad.
Además de marginar a estos invitados situándolos a un lado,
supone un problema a los padres de aquellos niños más pequeños
que inevitablemente pasarán toda la comida levantándose
para ir a comprobar si necesitan ayuda.
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